De sus costados le crecieron alas,
de su espalda un motor silencioso.
La ventana se abrió
y el paisaje entró.
El sol reposaba en naranjas y violetas.
Cada uno volvía a su casa.
Allí vamos, cielo bonito.
Allí va mi inspiración.
Nacieron las melodías de mi alma
como las flores en septiembre.
El colchón está en las nubes
y las sábanas en el extenso celeste.
¿Qué más quiero en este momento?
El universo soy yo
y me entrego un abrazo.
La nave regresó al final del puente y volvió a convertirse en el viejo colectivo. Ya había perdido la inspiración pero conservaba la pasión.
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